Final de la gestación

Parecía que nunca iba a llegar el día que pudiera escribir esta entrada con tranquilidad. Y lo digo porque, el simple hecho de estar escribiendo esto hoy significa que por fin acabó mi etapa como estudiante de Medicina. No puedo explicar ni la milésima parte de todos los momentos que se han ido sucediendo en los últimos meses… Ahora miro atrás e incluso me parecen fugaces, lejanos, casi irreales. Pero nada más lejos de la realidad, han sido muy muy reales, demasiado incluso diría yo en ciertas ocasiones (La semana pre-entrega TFG fue… dejémoslo en interesante xD).

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Yo si tuviera que volver a pasar por lo mismo otra vez

Sexto sin duda ha sido uno de los mayores retos de Medicina, quizás no por su dificultad máxima, si no por el aguante. En un símil deportivo se asemejaría a los 3000 metros obstáculos: encontrar a los tutores de prácticas en cada rotatorio, elegir buen tutor de TFG, cumplir los requisitos de las prácticas y los exámenes de cada rotatorio,  aprender a realizar una bibliografía en condiciones, seguir el calendario de la academia, no desesperarse por no poder seguir el calendario de la academia, prepararse la exposición del TFG sin morir en el intento, conseguir un sumial para no vomitar delante del tribunal… Entre otros. Por otro lado, sexto también está lleno de momentos irrepetibles que compensan en parte todo lo anterior: empiezan a tratarnos como a compañeros y no como a estudiantes, empezamos a practicar algo de Medicina “en serio”, algunos afortunados van enamorándose de alguna especialidad en concreto, las grabaciones del vídeo de la promoción, la graduación (bueno, graduaciones, y sus respectivos modelitos y comederos de cabeza)… Pero sobre todo la satisfacción por haber cumplido un sueño: Soy médico. Somos médicos. Enhorabuena compañeros 🙂 

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Nosotros durante la semana de graduaciones

A pesar de toda la felicidad, es inevitable sentir un poco de nostalgia por esta etapa que se cierra definitivamente. Reconozco que los días inmediatos a la graduación me sentí un poco “triste” (no se cual sería la palabra adecuada) recordando todo el camino que me ha llevado a donde estoy hoy. La graduación digamos que supo tocar nuestra fibra sensible, fue un acto espectacular, lleno de risas, emoción y de más de un llanto entre bastidores. Todo ello me hizo reflexionar, y es que el camino no ha sido precisamente de rosas. Pero aquí estamos. Mi primera clase en Medicina fue de embriología, impartida por un gran profesor y reputado doctor. No se me olvidará nunca: todos los procesos biológicos que son necesarios para que a partir de la fusión de 2 células se vaya formando lo que en un futuro constituirá un ser humano. Casualmente mis últimos días como estudiante de Medicina los he pasado en el servicio de urgencias de Obstetricia y Ginecología, viendo como culmina ese proceso de formación con el final de la gestación y el nacimiento de una nueva vida. Quiero pensar que es una perfecta metáfora de mi paso por esta hermosa carrera: comenzamos en un sitio desconocido sin saber absolutamente nada, pronto vamos multiplicando nuestros conocimientos y aptitudes hasta que nos afianzamos y creamos nuestro sitio, y a partir de ahí solo nos queda crecer hasta la hora del final. El final, que al igual que en el parto, no es un final a secas, sino que a su vez implica un nuevo comienzo, una nueva página en blanco por escribir, una nueva fase que superar, un nuevo sueño que alcanzar… En definitiva: una nueva vida.  

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Tu cara de alivio al exponer el TFG

Tal y como dice la canción: “Hoy es el primer día del resto de mi vida”. Por todo ello, Felicidades a los compañeros que también están viviendo esta magia y mucho ánimo para todo lo que está por llegar. El MIR, ahora si que sí, is coming… Ya no es “prematuro” hablar de nada, ya no hay horizonte… el futuro es presente. Nos quedan unos preciados días de vacaciones y pienso aprovecharlos al máximo sin pensar en nada de este mundillo, pero preparada y con ganas para afrontar esta nueva etapa. Saludos a todos y nos vemos pronto 🙂 

Idiopática

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Carta a la tolerancia…

Toc, toc ¿se puede? Tenía ganas de hablar contigo desde hace tiempo. Tenía ganas de contarte como me siento, y gritarlo a los cuatro vientos… desde la luna hacia Marte. Me siento ansiosa por dentro, pensativa, recelosa, y sin embargo capaz, para estar hoy escribiendo. ¿Qué es lo que preocupa?, seguro preguntarás, es simple y a la vez complejo: la ausencia de lo que nos hace médicos. ¿Y qué es lo que nos hace médicos? ¿Las notas, los trabajos, una bata blanca impoluta? Nada de eso. Lo material al final siempre se disuelve, dejando al descubierto nuestras verdaderas capacidades. Siempre pensé que dentro de todo estudiante de medicina existirían unos dogmas basados en el respeto y la tolerancia, pues al fin y al cabo, nos hacemos médicos por ciencia pero también por humanidad ¿No?. Que ilusa. A lo largo de estos años he podido comprobar, tristemente, como la realidad es bien diferente. Esta vez no hablo del trato hacia los pacientes, sino entre nosotros mismos. Si no nos respetamos ni entre nosotros, ¿Qué estima esperamos obtener de los demás? No es una cuestión derivada de llevar bata blanca (aunque para algunos sí lo sea) es una cuestión de moralidad. Me compadezco de todos los que dedican su tiempo a desprestigiar al compañero, en vez de intentar mejorar ellos mismos. Sí, compadezco, porque entiendo que para llegar a ese punto, tienen que tener un conflicto importante con su yo interno. Llámalo envidia, llámalo infelicidad, inseguridad, frustración o ira… no vamos a ponerle un apellido concreto, pues hay un gran abanico de posibilidades. ¿Esas son cualidades permisibles para una persona en la que los demás confían su salud a ciegas? La respuesta es evidente, hasta para ellos mismos… Pues, se puede engañar fácilmente a los demás, pero calmar a las bestias del pensamiento, ay amigo, eso es más complicado.

Dentro de muy poco seremos oficialmente médicos y sin embargo sé que algunos rezarán porque me caiga y no me levante. Otros seguirán con sus burlas y sus bromas de preescolar, ya que son elementos obligados para el crecimiento de su autoestima. Otros, como siempre, criticarán cada paso que demos, sea en la dirección que sea, pues es lo único que pueden hacer desde su posición de observadores. Y mientras tanto yo seguiré por aquí, luchando por lo mío, y escribiéndole a la tolerancia, para ver si algún día viene y es capaz de inundarlos a todos con su gracia.

Idiopática

Nunca es tarde para mejorar y reflexionar sobre uno mismo. ¡Suerte!

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